Hablando en serio.
Hoy vengo a hablar contigo de una manera seria. Y seriedad no es precisamente una palabra que me pueda describir. Sin embargo, quiero intentar serlo por primera vez. Sin risas, sin llantos, sin distracciones.
Sólo letras, la verdad y yo.
Soy una persona muy complicada, mi mente siempre está pensando en un millón de cosas, y la verdad es que mis pensamientos siempre oscilan entre el pasado y el futuro. Casi nunca en el presente.
También es verdad que siento como un golpecito en el corazón y que me falta poquito el aire cuando te escucho hablar sobre la belleza de otras mujeres. Creo que se llaman celos, pero no me gusta admitir esa palabra. Se carga mucha responsabilidad al usarla.
Y es que ahora que hablamos de temas serios, he de confesar que mi alma se pone en calma cuando tu mano abraza a la mía. Y podría estar así siempre. Aunque suene imposible.
No hay nada más serio que confesarte lo llenos de amor que están mis besos hacia ti. No se compara con rozar otros labios. Definitivamente ningunos me dan esa sensación de placer y ternura al mismo tiempo. Eso, amor, es cosa seria.
Y bueno, claro que es cierto que tengo defectos que desearía no tener. Te quiero contar que tengo inseguridades y miedos, pero seguro todo eso ya lo sabes. Y así me quieres. Y muchas veces ni yo misma entiendo como es que me quieres con todo y eso. Pero lo haces. Y seriamente, eso es lo mejor que me ha pasado.
Sé que hacerte una promesa no sería hablar en serio, porque hemos hablado de no prometer, si no cumplir. Pero no quiero mentirte, quiero decirte la verdad. Tengo ganas de prometerte ser la mejor versión de mí, sólo para ti. Porque lo mereces. Porque tus flores sin ocasión, tus desayunos con poca sal, tus abrazos para las lágrimas, y el pedacito pequeño de cama en el que duermes cuando me apodero de tu cama, lo merecen.
Seriamente, me gusta todo eso. Me gusta tu compañía, tus besos, tus pasos a mi lado, y el arrullo de tus ronquidos. Ya no imagino mi vida sin ellos, es como imaginarme un café sin azúcar, o una ida al cine sin palomitas. Simplemente no tendría sentido.
Y probablemente esto sea irrelevante, pero me gustaría seguir cocinando para ti, aunque mi vajilla sea de plástico y sea un desastre cocinando. Me gustaría abrir mi puerta y encontrarte ahí, con tu corbata y tu sonrisa. Me gustaría seguir gritando por auxilio y esperar que heroicamente mates esa araña, o ese silencio.
Quisiera seguir bailando contigo en el carro, y peleando por las llamadas que recibes a media noche, quisiera aún dejar cabellos en tu baño, o lavar los trastes con la esponja equivocada. Todo eso si así me lo permites.
Porque hablando seriamente, no creo tener ni un poquito de ganas de dejarte ir.

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