A $20 la lectura.
Aún recuerdo perfectamente cuando tenía unos 6-7 años y pasaba muchas tardes de mi vida en casa de mis abuelitos (y algunas noches también). Lo que no recuerdo exactamente es en qué momento dejé de pasar tanto tiempo junto a ellos ni porqué, supongo que uno va creciendo y en la búsqueda de su independencia se aleja de las personas que más le importan, o quizás porqué sería raro imaginarme durmiendo con mis abuelitos a los veinte, o probablemente porque sería un poco estorboso para ellos. Pero si pudiera, creo que volvería a hacerlo.
Hablando de esas tardes, una de mis actividades favoritas era cuando nos sentábamos al rededor de esa enorme mesa ovalada tan característica de casa de mis abuelitos, y leíamos. Don Julio llegaba con sus lentes y algunos libros, se sentaba y me los pasaba para que eligiera.
- Si me lees de ésta página a tal página, te doy 20 pesos, pero en voz alta y clara- decía.
Siempre me pareció una actividad increíble, me gustaba leerle, aunque muchas veces no entendía muy bien lo que Rius o Emma Godoy querían decir en sus libros, yo hacía mi mejor esfuerzo por decir las palabras claras y mantenerlo feliz. No era por el dinero, me gustaba hacerlo, sentirme conectada por unos minutos a él, saber que me escuchaba y que podía ayudarlo. Aunque ahora que lo pienso, el que me ayudaba era él a mí. Y me ayudaría hasta hoy.
Gracias a esas tardes de lectura hoy me gusta leer y me gusta escribir. No sé si sería la misma persona si esas tardes en aquella mesa ovalada nunca hubieran sucedido.
Hoy es un fiel lector de mi blog. Algunas veces es mi mamá quien les lee en voz alta mis entradas a mis abuelitos, y eso que no soy Rius ni Emma Godoy. Recuerdo que alguna vez le prometí que escribiría un libro, no sabía de qué, pero se lo prometí. Y ahora, uno chiquito y con palabras procedentes únicamente de mi mente, por fin llegó a sus manos mi primer librito.
¿Me hace feliz que la gente me lea? Sí, demasiado. Cuando me mandan mensajes y me cuentan lo que sienten al leerme, es como un sueño súper irreal. Pero saber que mis abuelitos me están leyendo y tienen mi libro en las manos creo que es la satisfacción más grande que puedo sentir. Saber que voy por buen camino y que estoy haciendo logros chiquitos que puedo compartir con ellos. Y quisiera poder seguir compartiendo todos y cada uno de estos con ellos. Quiero que sean infinitos para poder demostrarles que gracias a ellos soy una mejor persona cada día que lucha por lo que quiere y lo que sueña.
Soy feliz. Plenamente feliz.


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