Ese día llevaba el cabello suelto, más largo que la fila en la que estábamos formadas esperando por un café. O al menos creía que es lo que las dos ordenaríamos. Sentía que teníamos tanto en común sin siquiera cruzar palabra alguna.
Parecía estar internada en sus pensamientos, tenía el ceño fruncido, con unas cejas bastante pobladas que enmarcaban su rostro a la perfección y una sonrisa de esas pequeñas, tan pequeñas que pueden llegar a considerarse forzadas.
Ella era de esas mujeres que sueñan con el amor pero que lo hacen a escondidas, muchas veces ni siquiera ella misma quería darse cuenta que lo estaba haciendo. Tenía miedo de admitirlo. Se le notaba en la manera de hablar sobre él.
Cuando hablaba movía las manos de una manera peculiar, formando círculos imaginarios, y lo hacía constantemente. Aún no estoy segura si se ha dado cuenta de eso o si algún día lo hará.
Algunas veces dejaba escapar algún suspiro, y en él se iban pensamientos que jamás compartiría con nadie. Prefería reservarse muchas cosas para ella. "Así es más sencillo, no van a entender" decía.
Nunca resolví porqué detrás de esa mujer tan hermosa existían tantas inseguridades, dicen que todos las tenemos, pero ella las creía y les daba un lugar muy especial dentro de sí. Supongo que jamás se dio cuenta del brillo que tenían sus ojos y el rubor natural de sus mejillas, que el verdadero amor no está en un lugar lleno de gente, de ruido y alcohol. Y que posiblemente estaba más cerca de lo que creía. Pero siempre estaba más ocupada atrapada en sus pensamientos que en lo que estaba sucediendo a su alrededor.
Para ella no existían las fantasías, le parecía más lógico apegarse a la realidad, después de todo es lo que se tiene y nada más. Y detrás de sus argumentos, siempre tenía una justificación, algo que siempre hacía destacar.
Nunca le gustaron las fotografías, y no precisamente porque creyera que le robarían el alma, simplemente prefería evitar la incomodidad que le causaban. En su rostro se veían reflejados los caminos que había cruzado por el mundo,viajaba siempre que se le presentaba la oportunidad. Tenía corazón aventurero.
Desde ese día en el café nos volvimos inseparables, una confusión del barista dio lugar a la que sería nuestra primera conversación y entonces conocí a la que sería mi mejor amiga hasta ahora. Han pasado algunos años y ella sigue perdiéndose en sus pensamientos con el ceño fruncido, esa sonrisa pequeña de lado y creyendo en el amor a escondidas.

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