.
Paulina pasaba los días enteros bajo sus cobijas. Había olvidado cuál era el sentido de estar fuera de ellas. Estaba cansada de intentar hacer creer a todo el mundo que estaba bien, y del falso interés de muchas personas de saber como estaba el día de hoy. Pasaba las tardes preguntándose como había alguien logrado hacerla sentir tan frágil. Siempre creyó que era una mujer fuerte, nunca esperó que tres palabras pudieran acabar con ella de tal manera. "No quiero verte". Recordó. Sintió que su estómago se hacía pequeño, y que su respiración se aceleraba. Odiaba recordar aquellas palabras. Las que nunca imaginó poder llegar a escuchar. Al menos no de Santiago.
Parecía imposible que alguien que decía quererla tanto, pudiera desear no verla. Nunca había intentado tanto por amor, pero estaba segura que nunca más lo volvería a hacer. No valía la pena, después de todo.
Se levantó de su cama por un momento, y se paró frente al espejo. Siempre había encontrado allí una mujer hermosa que podía conquistar el mundo con su mirada. Esta vez no fue así. Lo único que veía reflejado era un desastre. Un caós enorme. Veía reflejadas dudas, tristeza, un gran vacío. No veía belleza. No veía poder. No estaba segura de quien era aquella mujer que estaba reflejada ahí. No era Paulina. Eso era seguro.

0 comentarios