Suerte.
No estoy segura de que debiera considerarse suerte, pero probablemente es la mejor manera de describirlo.
Aquél momento en que me encontré con esa carta en el húmedo suelo de aquella ciudad que tanto amaba, fue cuando mi vida cambió. Y lo hizo para siempre.
Todos los días pasaba fuera de aquél lugar, temprano en la mañana ya se olía ese delicioso aroma a felicidad, la gente entraba con un rostro de sueño y preocupación, y salían de ahí con un vaso lleno de ánimos y esperanzas, mejor conocido como café.
Nunca miraba hacia abajo, siempre tenía la mirada ocupada en la belleza de aquellas calles, nunca encontraba a nadie observando los detalles, al menos que fueran turistas. ¿Cómo podría alguien acostumbrarse a semejante belleza? Nunca lo había entendido, y seguramente nunca lo haría.
A mí me parecía el paraíso cada mañana.
Y fue hasta ese día en que por accidente o quizás por suerte, decidí mirar abajo, y la encontré.
Un sobre doblado y un poco maltratado yacía sobre el suelo, las orillas de aquél papel se encontraban un poco mojadas por los restos de lluvia de la noche anterior. Lo tomé y volteé hacía todos lados tratando de localizar al dueño de aquél objeto que había llamado mi atención. Nada.
Decepcionada por no saber a quién pertenecía, pero invadida de curiosidad, guardé el sobre en el bolsillo de mi abrigo y entré a la tienda de café, ordené mi bebida favorita, tamaño mediano, deslactosado y con dos de azucar.
Una vez sentada en ese sillón desgastado que seguro tiene mil historias que contar, testigo de tantos besos, ropturas, escritores inspirados y turistas descansando, decidí abrir el sobre.
No estaba segura de que fuera lo correcto, pero tampoco podía dejar ese sobre por siempre en mi bolsillo. ¿Qué habría dentro de él? ¿Dinero? ¿Una carta de amor que nunca llegará a su destino? ¿Una factura que espera ser pagada? Tomé un sorbo de café y lo hice, rompí un extremo para sacar el contenido.
Dentro había una hoja un poco arrugada, parecía que quien había escrito eso había pasado mucho tiempo decidiendo qué escribir, pero sin borradores ni varios intentos, decidió dejar la primera versión de esas palabras.
La desdoblé con cuidado y me encontré con muchas letras. ¡Tanto amor que tengo hacia las letras y hoy me aparecieron tantas en un sólo sobre! Suerte... Definitivamente suerte..
Comencé a leer y no pude dejar de hacerlo hasta terminar:
"No estoy muy seguro de que sepas quien soy, pero lo que es importante es lo que te voy a decir. Nunca había pasado por algo así, descubrir tu presencia en este mundo ha sido el mejor regalo que he podido recibir en años, ¿quién pensaría que algo tan hermoso y extraño a la vez podría mejorar la vida de alguien en un segundo? Muchas veces creí que te odiaba, tus desplantes y tus locuras eran algo que no entendía a ratos, pero que pasadas las horas, volvían a enamorarme, eran parte de ti.
Escuchar tu voz era como recordarme que estaba vivo, no entiendo bien porqué, pues tu voz no era precisamente la más linda que haya escuchado, pero me fortalecía, me hacía sentir bien.
Y qué decir de tus brazos, que a pesar de ser delgados, parecían ser el lugar más seguro del mundo, qué ironía. Y nunca vas a entender el valor que tenía para mi ver como cuidabas de tus plantas, probablemente para ti no era más que una rutina diaria, pero en mí era la mejor parte de mi día. Y verte sonreír, ¿qué decirte de verte sonreír? Esos dientes tan tuyos, que seguro no irían bien con la sonrisa de nadie más. No, tu sonrisa no era la más bella, pero seguro la que más valía la pena de admirar.
No creo que sepas quien soy, pues has pasado muchas navidades sin saber de mí, muchos cumpleaños sin felicitarte y muchos veranos sin nadar contigo. Pero si lees esto, quiero recordarte que siempre fuiste lo mejor que le pasó a mi vida. Porque con tus suéteres que te quedaban grandes, tu peinado despeinado, tu costumbre de dormir tarde por las noches, y tu cuarto imposible de habitar, haz sido la mujer más maravillosa que he llegado a conocer. Y espero que si ahora estás con un hombre nuevo a tu lado, el aprecie la manera en que tomas ese sorbo de café, tu falta de elegancia en los restaurantes y tu risa descontrolada a la hora de reír. Porque vivir sin verte pintar tus uñas cada domingo, es más difícil de lo que creí. Y quiero que sepas que la única razón por la que no has sabido de mí en tantos años, es porque ese corazón tan grande que tienes merece ser amado de la manera en que nunca supe hacerlo. "
Ya no estaba segura de que haya sido suerte, quizás fue destino, si creyera en él.
Doblé el papel de nuevo, terminé mi café de un sorbo, observé lo grande de mi suéter y regresé a casa a quitar las hojas marchitas de mis plantas.
1 comentarios