A mi Bruno.

by - abril 07, 2014


Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, y nunca lo creí hasta que tuve que confirmarlo en carne propia. En mi familia siempre hemos sido de tener mascotas: pájaros, patos, tortugas, hamsters, gatos, perros, etc, etc... Pero nunca supe lo que realmente significaba tener una mascota hasta que decidí tener una por mi cuenta.

Tenía miedo de la soledad, de que mis amigos estuvieran lejos, de una casa sola, de amores ausentes, sabía que necesitaría una compañía, pero nunca creí que el destino me tuviera preparada la mejor sorpresa de mi vida. Estaba muy decidida a comprar un perrito por una cantidad ridícula de dinero, si trabajaba y ahorraba, y convencía a mis papás de darme la mitad, seguro podría comprar ese perro con el que tanto soñaba: un bulldog francés,  que a pesar de tener problemas respiratorios, se ve muy mono en las fotos y seguro sería tiernísimo en persona. Ya me imaginaba mi vida junto a él... 

Hasta que un día, mi amiga Aranza puso un letrero de un perrito (desnutrido y no tan bonito) en su perfil de Facebook, la verdad es que en la foto se veía muy simpaticón, pero nada extraordinario, tierno o algo parecido a lo que yo tenía en mente, sin embargo, vi que necesitaba ayuda y sentí un instinto súper enorme de adoptarlo. Pasé días y noches enteras pensando en si debía o no hacerlo, si estaba o no lista para la responsabilidad que aquello conllevaba, y después de escuchar un sermón sobre como "me la paso sin vivir a causa de mis miedos" que me dio un amigo, decidí arriesgarme. 

Al día siguiente ya estaba en una tienda de mascotas comprando todo lo necesario para tenerlo a pesar de que aún no lo conocía, una camita (que por cierto, resultó ser muy pequeña para él), juguetes, comida, trastes, etc. Estaba llena de nervios y emoción hasta que tuve que pagar. Ahí tuve mi primer choque con la realidad, tener una mascota iba a ser más caro de lo que pensé, y más para una estudiante que gasta su dinero en ensaladas caras y ropa los fines de semana. Sacrificios, pensé. Era por alguien que necesitaba más ayuda que yo, así que de pronto sonreí de nuevo y volvieron los nervios a mí.

Al llegar a recogerlo aún recuerdo sus nervios y sus poquísimas ganas de acercarse a mí. Cuando lo vi por primera vez pensé que era muy feo, estaba en los huesos, tenía el pelo seco, duro, sucio, y sólo se escondía del miedo que tenía. Comencé a acercarme y darle caricias. "Es tu nueva mamá" le dijo la persona que me lo iba a entregar, al escuchar esas palabras pensé: ¡Claro! Soy la nueva mamá y tengo que hacerme responsable de este chiquito que tanto miedo tiene... y en ese momento lo quise tanto, aunque no tanto como hoy. 

En el trayecto, el recién bautizado Bruno iba muy asustado, tenía miedo de no saber qué estaba pasando, pero al llegar a casa, su corazón lo supo. Empezó a correr por todas partes, subió las escaleras como investigando su nuevo hogar, bajó, jugó, y sin querer nos dimos cuenta que sabía perfectamente jugar a traer la pelota, correr, perseguirte, estaba enamorada. No había podido tomar mejor decisión en la vida. Puse su camita a lado de la mía, y Bruno supo que ahí era su lugar, que desde entonces dormiría cómodo y calientito a mi lado y que no tenía que preocuparse por nada. Descansó. 

Los primeros días fueron los más difíciles, estábamos aprendiendo que nos habíamos adoptado el uno al otro y teníamos que aprender nuestras reglas, batallé ocho mil veces intentando que no se saliera por las rejas, tuve que ir y comprar alambres, cosas raras en la ferretería, y después de mucha sangre en mis manos, sinchos y sudor, logré poner mi primera reja. No sirvió de nada, pues al segundo día Bruno ya había buscado la manera de salirse, a lo cual terminé por acostumbrarme ya que era parte de su rutina diaria dar un paseo y volver a los treinta minutos. También terminé por descubrir que me gustaba más su presencia en mi cama que en la suya por las noches, y él se acostumbró a que lo despertara cuando tenía miedo o tenía ganas de llorar, y me animaba, me daba lenguetazos y dormía acurrucado a mi lado, no le gustaba mucho, pero cuando sabía que lo necesitaba lo hacía. 

Bruno escuchó mis problemas, mis historias, mis ideas, se sentaba a mi lado mientras escribía en mi estudio y no se movía de ahí hasta que no terminaba, cuando me bañaba se sentaba en la puerta y si me tardaba comenzaba a llorar para que me apurara, no le gustaba estar sin mí.

Aprendí a jugar pelota con una mano mientras me ponía rímel con la otra, a trapear mi casa tres veces al día, y a convivir con los vecinos porque mi perro y su bebé eran los mejores amigos. Al paso de los días eramos inseparables. Odiaba salir de casa porque no quería dejarlo solo ni una hora más de las que fueran necesarias....

Y todo cambió ayer, que en uno de sus paseos de rutina Bruno no volvió. Pasaron los treinta minutos, dos horas, cuatro horas, seis horas, y yo había dado varias vueltas a la colonia sin encontrar señal de mi nuevo mejor amigo. Puse letreros en internet, lloré hasta que me dolía respirar, y salí a buscarlo sin luz..Nada.

La peor noche en mucho tiempo. Desperté a las cinco de la mañana pensando que había sido un sueño y lo busqué entre mis cobijas, nada. Sentí que el corazón se me hacía tiritas de las más chiquitas que se puedan imaginar. Salí corriendo en pijama esperando que hubiera llegado en la noche, y nada. Sus trastes y juguetes seguían donde mismo, no había encontrado el camino de regreso.

Hoy volví a salir, pregunté de nuevo a todo aquél que cruzaba por mi camino, y traté de resignar mi corazón, no puedo. Intento distraerme y hacer cosas para mantener mi cabeza ocupada, pero mi corazón siempre está esperando obtener un lenguetazo que lo haga sentir querido de nuevo. 
Aún no pierdo la esperanza, y sé que podré encontrar a Bruno, ese que llegó como angelito a mi vida en el momento en que más lo necesitaba, él que me dejó entrar a la suya cuando más me necesitaba, y a él que suspiraba cada que le daba un beso de buenas noches.

Te extraño mucho Bruno, gracias por ser el mejor confidente del mundo, y por haber aparecido en mi vida. Te juro que llegaste para cambiarla. "Teamobebé:)" como te decía todas las noches. ... 


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