Aunque no entiendas.
Es como esos momentos en los que siento que no hay salida, cuando pienso que cada respiro me volverá más loca, y las ideas que hay en mi cabeza no quieren salir de ninguna manera.
Y no es que no quiera explicarte, no es que no quiera sacarlas. Quisiera que huyeran, lejos, y que no volvieran a mí.
Me quedo callada.
Guardo silencio porque sé que si logro hacerte entender estas ideas, sería hacerlas más grandes, porque ya no están en una cabeza, ahora están en dos, y que si algún día las olvido y las mando lejos, aún seguirán en la tuya, y entonces podrían hacerse infinitas.
Por eso entonces miro a la ventana y mis labios no se mueven.
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