Pasé varios días tratando de convencer a las personas "que no había cambiado" "que seguía siendo la misma" . Pero la verdad es que no es cierto. Si lo hice. Cambié.
Y no es nada de lo que me pueda avergonzar, preocupar o arrepentir, el problema es que no había tenido tiempo de entenderlo ni analizarlo.
Claro que las personas que me rodean se darán cuenta de que "cambié", y eso es porque sus vidas siguen estancadas en un mismo ritmo, atrapadas en una rutina. Y es normal que lo consideren negativo el hecho de que haya cambiado, pues ya no comparto las mismas ideas, gustos o intereses. Hice algo y me moví de donde estaba.
Ya no pertenezco a donde creía que pertenecía, y creo que eso es parte de madurar. Mis intereses cambiaron, ya no encuentro divertido lo que me lo parecía seis meses atrás. Estoy persiguiendo mi sueños y estoy trabajando muy duro en ello. Tengo veinte años y creo que es momento perfecto de estar haciendo lo que me gusta, y no estar perdiendo el tiempo simplemente "soñando", si no actuando.
Nunca creí que 24 horas llegaran a ser tan cortas, que a la semana le faltaran días, y que media hora de sueño significara tanto. Pero supongo que de esto se trata crecer, de esto se trata luchar.
Salir de mi zona de confort y empezar con nuevos retos, pequeños y grandes. Y con éxitos, tan pequeños que podrían casi pasar desapercibidos pero que son exactamente esos los que me han ido cambiando y formando, junto con los errores, como persona.
Y si, he cambiado. Y estoy orgullosa de eso.

1 comentarios