3:30 am.

by - agosto 28, 2014







3:25 am: Me despierto de golpe, de nuevo el mismo sueño torturante en el que mi corazón termina hecho pedazos. Siempre el mismo escenario, los mismos personajes, siempre la misma sensación. Es la tercera vez que me sucede en esta semana, estoy cansada de estos sueños y de despertar con ese sentimiento. Tomo un sorbo de agua y prendo la luz de mi mesa de noche, está tan vacía, pero a la vez tan pura. Ya no hay pasado que pese, probablemente sólo en los sueños y en mis párpados. 

4:50 am: No estoy segura si debo volver a dormir o no, no estoy convencida de que pudiera retomar aquél sueño desesperante, pero intento distraerme, en dos horas debo estar despierta, posiblemente mantenerme ocupada sea la mejor solución.


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2:40 am: Comienza a volverse parte de la rutina, incluso el sueño parece incomodarme menos, me pregunto si será como en la vida real, que uno con el paso de los días va acostumbrándose al presente, aunque sea doloroso, hasta que comienza a carecer de nitidéz y de pronto se mezcla entre la cotidianidad. No prendo la luz. Ya no tengo miedo de volver a dormir.

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09:57 pm: Esta vez es diferente. Intento abrir los ojos pero ya están abiertos. Todos esos sentimientos que tuve en los días pasados se sienten de pronto en la boca de mi estómago, no estoy dormida. El sueño está sucediendo, aquello que me torturó por noches se hizo realidad. Pero, ¿qué pasa? ¿porqué de pronto ya no siento esto? ¿dónde quedó el miedo que tanto tiempo tuve? Me parece tan normal. No sé si las noches anteriores fueron un entrenamiento emocional o simplemente las cosas a veces se imaginan peor de lo que pueden ser. ¡Qué extraño! Me siento bien. 

03:30 am: Por primera vez en una semana, cierro los ojos y descanso.

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06:57 am: Abro los ojos y no puedo creer que ya no existe aquella pesadilla acechante en las madrugadas. Nunca hubiera imaginado que la manera de vencer los miedos es enfrentándolos de uno, sin pensarlo. Y sobretodo, que funcionara y se desvaneciera frente a mis ojos así de fácil. A veces uno prefiere seguir atormentándose en la incertidumbre hasta que acaba por destruinos. Y en este caso, sin decidir, tuve que tomar el otro camino, y terminó por ser la respuesta a mis miedos.

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