Me tortura el pensamiento y el recuerdo de las últimas dos noches. Aún no entiendo porqué cuando hago algo bueno o vivo momentos felices, me duran un rato o quizás dos. Sin embargo, cuando me equivoco o algo se siente incorrecto el arrepentimiento parece eterno.
Busco entre la espuma del café una respuesta, recuerdo que una semana atrás no lograba entender a las personas que cambiaban por amor, y hoy me miro al espejo y veo reflejada a una mujer que intentando recuperar lo que algún día le perteneció, perdió parte fundamental de lo que solía ser.
No existe sentimiento capáz de excusarme y no intento hacerlo. Admito entre las cuatro paredes de la habitación que me esconde del mundo, que he cometido un error y que no existe acción que regrese el tiempo, y que posiblemente aunque pudiera hacerlo, no cambiaría lo sucededido.
Doy un último trago a mi café y el olor a canela se desvanece junto con el arrepentimiento.
Mantengo en mi mente el sabor de sus labios, la mirada de sus ojos y el olor de su piel. Los saboreo por un minuto y los dejo ir.

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