Memorias infinitas.

by - diciembre 05, 2014

Él estaba ahí, sentado del otro lado del cuarto en el sillón que tantas memorias guardaba. 
Ella estaba allá, sentada en su escritorio junto a la ventana, tan ocupada como siempre, más linda que nunca. Su mirada pasaba de la pantalla hacia la libreta. Y el proceso se repetía una y otra vez. 
Él la miraba fascinado, cada movimiento le parecía simplemente perfecto. 
Ella tomó un sorbo de café, perdió su mirada en el paisaje detrás de la ventana y después volvió al trabajo. 
Él no podía creer que tanta belleza pudiera existir en una sola persona. Sonrió. 
Formando un cuadrado con la ayuda de sus manos y fingiendo la composición de una fotografía, enmarcó la siuleta de esa mujer, cerró un ojo y capturó ese momento. Lo hizo eterno en su memoria y lo sabía. El día en que ella le hiciera falta, ese recuerdo estaría presente cada día de su ausencia. Pero así lo quería. Era un momento tan perfecto que merecía pasar a la eternidad. 

Ella lo miró, y le regaló una sonrisa. Se levantó de su silla por un momento y le beso la frente. Estar con él le provocaba felicidad. 
Sin decir una palabra, ambos desearon que su amor nunca terminara.


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