Siempre supe que él no era para mí. Uno siempre lo sabe, desde el principio. Pero a mí me gustaba creer que mis ganas de querer, podrían vencer al destino.
Me encantaba engañarme y soñar. Soñar despierta, soñar dormida, soñar en clase y en el trabajo.
Creí que necesitaba encontrar alguien que sanara mis heridas y le dejé la responsabilidad a alguien no quería estar conmigo.
La primera vez que fue cruel conmigo, supe que él no era para mí. Pero después sonrió, volvió a escribirme y entonces, caí de nuevo. Tardé mucho en entender que me hablaba únicamente porque odiaba encontrarse cara a cara con la soledad. Me gustaba imaginar que le gustaba mantener una conversación conmigo.
El día que lo escuché hablar de ella, comprendí de golpe, que él no era para mí, pero luego me abrazó y mi dolor desvaneció hasta que olvidé que existía alguien más en su corazón.
Así pasaba los días, jugando el juego de la confusión. Dejé que mis sentimientos se subieran a una montaña rusa de la que no había manera de bajar ileso. Subí y bajé tantas veces que llegué a perder la cordura. Siempre supe que él no era para mí, pero la adrenalina que sentía al subir, no tenía comparación.
Y es que sí, uno siempre lo sabe, desde el principio. Pero a veces, la soledad nos obliga a creer en algo inexistente. Cada día, al entregarme a él, a pesar de saberlo ajeno a mí, lo único que hacía era huir de la soledad, lanzándome al vacío del desamor, rompiéndome yo misma el corazón.
Hoy quiero escribirte porque te quiero, porque sé que tener quince años no es fácil y no quiero que llegues a sentirte sola o abrumada.
Lo
que realmente me gustaría hacer en este momento, es darte un abrazo muy
fuerte y decirte que eventualmente, todo estará bien.
Con estas palabras no espero cambiarte, ya que si no te permito equivocarte, no te convertirás en la persona tan grandiosa que eres hoy.
Dicen que en este mundo sólo somos un destello en el
universo. El tiempo pasa muy rápido y algunas veces dejamos de hacer muchas
cosas por miedo, pero la vida es para disfrutarla y vivirla al máximo. No temas si
te equivocas, las mejores lecciones son gracias a ello. Sin embargo, me gustaría que tuvieras algunas cosas importantes en mente, que a tu edad uno suele olvidar.
Voy a empezar diciéndote que no tengas miedo del futuro, acá nohay nada con lo que no puedas. Si pudieras ver lo que eres ahora, te sorprenderías.
Toma en cueta los consejos de mamá, aún cuando parezca que no te entiende, son los mejores que podrás recibir. Nadie más te conoce como ella y creéme, sólo busca tu felicidad. También comete errores, pero está intentando cada día ser mejor para ti. Abrázala, dile cuanto la amas y escucha sus palabras.
Usa menos maquillaje. Eres más bonita de lo que crees y no, no eres tan gorda como piensas. Debes saber que lo importante no está en lo que se ve,
sino en lo que se siente, quiero que aprendas a quererte tal cual eres, porque
eso es lo que te traerá felicidad. Eres única. No esperes que nadie te lo diga. Mírate al espejo y entiéndelo, no hay nadie más como tú. Comienza a quererte a ti antes que a cualquier otra persona.
Huye de las amistades falsas, abraza más a tus amigos de verdad. Siembra confianza y amor en esas amistades, pero aprende a disfrutar la soledad, es tiempo valioso para ti.
Traza metas y empréndelas poco a poco. No te abrumes intentando tener tu futuro claro. Aún queda mucho camino por recorrer y creéme, nunca es demasiado tarde para tomar otra decisión.
Siente, llora, grita, y ama,
ama mucho. Sé valiente y toma tus sentimientos, vívelos cada
uno al máximo, el dolor, las lagrimas, todo es necesario y te harán mejor
persona.
Busca un trabajo que te cause curiosidad, estás en la edad para hacerlo. Inténtalo todo. Y si no eres feliz donde estás, ¡muévete! Gana experiencia, aprende de los demás. Escucha más y habla menos. Sé fuerte; esfuérzate por hacer las cosas por y para ti, no por los demás. No te apresures, todo llega a su tiempo, te lo aseguro.
No tengas miedo de ser tú misma. Confía en ti, en tus valores y en tus creencias; aférrarte a lo que
verdaderamente eres, porque es lo justo lo que te hace especial.
A veces es ahora o nunca y creeme, lo
aprenderás muy bien.
Que el amor no sea un problema para ti, pues lo tienes
a manos llenas con la familia que te rodea. Atesora cada minuto que pases con ellos.
No derrames
lagrimas por quien no las merece, ni abraces tanto a quien dice quererte pero
en realidad te miente. No te quedes al lado de quien no desea verte volar. Te
costará un mundo deshacerte de los apegos, pero niña mía, lo que obtendrás a
cambio será mejor. Llegará alguien maravilloso en el futuro, no trates de apresurarlo, vale la pena la espera.
No te olvides de tus sueños. No tengas miedo, no escuches malos comentarios ni a la gente que te
quiere ver caer. Mantente firme.
Y sobretodo, nunca olvides esto: ¡Eres y serás suficiente!
Vive como si no hubiera un mañana, porque cuando menos lo esperes estarás en mi
lugar, deseando poder haberte dicho estas palabras antes, mi niña de 15 años.
Colaboradoras de esta carta:
Ritha Zerimar Guadalupe
Caroline Giron
Arely Verdal Méndez
Jocy Sibaja Sandoval
Janin Miranda
Itzel Alvarez Acosta
Alejandra Espino Garcia
Elena Govea
Laura Torres
Jime Gutierrez P
(y tres colaboradoras más que prefirieron permanecer anónimas)
Él estaba ahí, sentado del otro lado del cuarto en el sillón que tantas memorias guardaba.
Ella estaba allá, sentada en su escritorio junto a la ventana, tan ocupada como siempre, más linda que nunca. Su mirada pasaba de la pantalla hacia la libreta. Y el proceso se repetía una y otra vez.
Él la miraba fascinado, cada movimiento le parecía simplemente perfecto.
Ella tomó un sorbo de café, perdió su mirada en el paisaje detrás de la ventana y después volvió al trabajo.
Él no podía creer que tanta belleza pudiera existir en una sola persona. Sonrió.
Formando un cuadrado con la ayuda de sus manos y fingiendo la composición de una fotografía, enmarcó la siuleta de esa mujer, cerró un ojo y capturó ese momento. Lo hizo eterno en su memoria y lo sabía. El día en que ella le hiciera falta, ese recuerdo estaría presente cada día de su ausencia. Pero así lo quería. Era un momento tan perfecto que merecía pasar a la eternidad.
Ella lo miró, y le regaló una sonrisa. Se levantó de su silla por un momento y le beso la frente. Estar con él le provocaba felicidad.
Sin decir una palabra, ambos desearon que su amor nunca terminara.