Las princesas también escriben





Este hombre es el que fue dueño de mi corazón por más de 850 días. Es quien sacó lo mejor y lo peor de mí. Quien me vio reir, llorar, gozar, amar, caer y levantarme. Quien me apoyó en todas mis locuras y en todos mis proyectos. Quien a mi lado dobló cientos de hojas de mi primer libro, quien me conquistó con café y pastel de chocolate. Para este hombre alguna vez lo fui todo. Nunca voy a entender qué le causaba tanto miedo del compromiso, a él le gustaba el amor en libertad. Él me enseñó que el amor viene en forma de un masaje después de un día cansado, de visitas al hospital en la madrugada y de abrazarme y dejarme llorar cuando mi abuelito partió. Él me enseñó a amar. A tomar un camión en la noche para llevarle medicina, a sanar su corazón cuando alguien lo lastimaba o a ser su amiga cuando quería ser su pareja. Con él crecí. Con él dejé de ser niña y me fui transformando en mujer. Con él conocí los celos y partes de mí que no sabía que existían. Con él construí sueños futuros imaginarios y juntos los volvimos a deshacer. A su lado entendí el amor. Y a su lado volvió a perder sentido. Él fue mi compañerito por algunos años. Y él decidió dejar de serlo. Hoy no estoy muy segura del porqué, pero si de algo tengo certeza es de que un día entenderé que su decisión fue la mejor.
Se va y posiblemente no lo sepa, pero se lleva consigo partes de mí. Me encontrará en sus recetas, en sus nuevas manías y en su música. 
Y bastantes años, destinos, amores y cafés después, seguiré en su mente.  
No como el amor de su vida, si no como quien le enseñó a darle vida al amor.
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Esta carta es para ti mujer, que has derrochado tantas lágrimas a escondidas, la que sentía su corazón apachurrarse como parte de la rutina y la que entregó su alma entera sin esperar nada a cambio.

A ti que dedicaste tus canciones favoritas, que por intentar sentirte correspondida aguantaste tantos años, tantos días, tantas promesas llenas de esperas.

Para ti mujer, que tus besos nunca fueron necesarios fuera de la cama, que tu presencia no era indispensable o que intentar hablar era imposible.

 A ti que soñabas cada noche que tomaran de tu mano, que fueras prioridad. 

A ti que desnudabas cuerpo y alma en espera de un por siempre.

Esto es para ti, que te conformas en silencio. A ti que estuviste siempre, que permaneciste día a día a su lado, siendo fiel a tu idealización. 

Es momento de que dejes ir, que entiendas que las cosas no van a cambiar, que donde no te requieren no perteneces. 

¡Mujer, eres grande! ¡Eres fuerte! ¡Eres capaz!  
Eres amor. 

Toma todo ese cariño y ámate a ti. 
Toma toda esa fidelidad, y sigue tus principios. 

Mereces que crucen el mundo entero por tus besos y caricias. 

¡Cualquiera se volvería loco por tomar tu mano y caminar así por siempre! 

Sonríe. 

Llegará quien quiera compartir su mundo contigo, quien quiera desnudar su alma ante ti, y no espere que tú lo hagas primero. 

Rodéate de personas que sueñen en grande. 

Que griten su amor por ti. Que tengan miedo de perderte.

Enamórate de un luchador. De un guerrero. 
 De alguien como tú.

La vida no espera a nadie. 
 No tienes porqué hacerlo tú.

 Ama tus días. No regales tu tiempo ni tus besos a cualquiera.

Sonríe.

Vive cada día. Atrévete a soltar.  Cree en ti. 
En tu independencia.

En tus ganas de amar.




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A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z - A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z -A B C D E F

Te he regalado mis ojos, mis labios y mis lunares. Hoy decidí hacerte un detalle más grande, y quizás el más preciado. Te regalo mis letras, acomódalas como quieras. 
Sólo tengo una condición: prométeme que no escribirás promesas ni historias de amores eternos.
Úsalas para sanar tu alma, para contarle al mundo lo que sientes, o quédatelas tú. 
Guárdalas, son tuyas.
Y con esto me declaro enteramente tuya, no hay nada que guarde más mi escencia que mis letras.
Y a partir de hoy te pertenecen.
Tienes mis ojos, mi visión de la vida. 
Tienes mis labios, la forma en que defiendo lo que pienso. 
Tienes mis lunares, el recorrido completo de mi cuerpo. 
Y ahora tienes mis letras, me tienes a mi.
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Escucha abuelita, es tu canción. - dije mientras dejaba el celular sonando sobre la mesa, a un lado de ella. Esa mujer que lucía tan frágil, tan inocente, tan pequeña. 

Sus ojos entreabiertos se volvieron hacia el aparato que reproducía la canción. Esa que hace varios años había sido su favorita. Los tigres del norte sonaban alegremente mientras su expresión cambiaba. Lo sentía, lo entendía. 

Come un poco más. - le dijo mi abuelito, quien con la cuchara en el aire, llena de avena, intentaba esconder su sorpresa ante la reacción de mi abuelita con su canción.

"Pero la puerta no es la culpable, que tú por dentro estés llorando, tu a mí me quieres y yo a ti te quiero" - ellos seguían cantando como si lo hicieran sólo para ella. Seguro ella pensaba que así era. Los tigres del norte cantando su canción después de tanto tiempo. Tiempo que en realidad había transcurrido sin orden alguno. Quizás ya no entendía la diferencia entre mañana y noche. Ni siquiera por ubicarlas en la rutina. El tiempo era tiempo. Sólo un momento.

Abuelita, soy tu nieta más guapa. La más ruidosa, la que más te quiere.- grité desde mi asiento en la mesa esperando que volteara, que sonriera. Esperando en lo más profundo de mí, que me contestara. Pero sabía que no pasaría.

Recordé sus pláticas conmigo por teléfono, cuando hablamos de los "muchachos" que nos invitarían a bailar, cuando jugábamos a poner celoso a mi abuelito y a mi papá. Cuando aún lucía tan fuerte, tan sana. Recordé sus manos arrugadas haciendo la señal de la cruz sobre mi frente, sus ojos fijos en mí, y su boca diciendo en voz baja algunos rezos. Volví a la mesa.

La mano de mi papá tomó la suya, como seguramente lo había hecho muchas veces tiempo atrás.

- Juanita, abre los ojos, soy tu hijo. ¿Cómo estás Juanita? Ya deja de comer, eso sí ¿verdad? por más cerrados que tengas los ojos, sabes bien donde está la cuchara. - agitaba su mano como haciéndola reaccionar. Ella abrió los ojos, lo vio, y los volvió a apretar. 

Yo no sabía que podría estar pasando por su mente. Quería saberlo, quería entender. Poco a poco los años se fueron acumulando en su cabello, en su memoria. Entre esas trenzas se encontraban canas llenas de experiencia, de vivencias, de recuerdos. Recuerdos que permanecían ahí, en sus canas, más claros y nítidos que en su mente.

Estoy segura que dentro del mundo de pensamientos un poco borrosos, ella sabe que él es su hijo. Una madre no puede olvidarlo nunca, ni aunque la vida le robe la memoria poco a poco.

Toma su dedo, lo aprieta. De pronto suelta una risa y comienza a balbucear. Sé que quiere decir que lo recuerda, que lo quiere, que aunque de pronto parezca que no tiene recuerdo alguno, siempre está presente en su corazón. 

Miro a mi papá. Me pregunto si el piensa lo mismo que yo. Ojalá que si. Él tiene esperanza. Él quiere que ella se de cuenta que está ahí. Que a pesar del tiempo y la distancia, él sigue en su vida, más que nunca. Que a diferencia de la suya, en su mente ella siempre está presente. Que la piensa día y noche, y que le pide a dios por su recuperación con mucha desesperación.

Yo no sé como se da la vida. Cómo es que se decide quién olvidará todo, poco o nada. Quizás esa enfermedad llegue a las personas que tienen algo que olvidar. Quizás es sólo al azahar. Quizás todos vamos olvidando todo poquito a poco, pero algunos olvidan más, algunos menos. Si es hereditario, quizás me pase a mí.  Espero que si me pasa, pueda recordar poquito. Pueda recordar lo bonito, así como espero que mi abuelita lo haga. Que aunque no pueda hablar, pueda vivir los momentos más bonitos de su vida. Y vivir en ellos. Repetirlos una y otra vez en su mente. Y por eso soltar una risa de vez en cuando, porque los está reviviendo, los está disfrutando. Me gusta pensar que eso pasa, que de eso se trata. 

- Nos vemos Juanita, te cuidas mucho. Te quiero. - Él la abraza con ternura, con fuerza pero sin llegar  a lastimarla. Ella hace un gesto especial, lo disfruta. Lo entiende. Lo sabe. Sonríe. 
Y en su mirada se queda el amor por su hijo que nunca se irá. 


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ANA GARCÍA

ANA GARCÍA
Soy Ana, tengo 30 años y la vida cada día se pone más buena. Me encanta escribir y estoy a punto de convertirme en mamá.

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