Los creativos no podemos callar nuestro cerebro.
Vivimos pensando en qué será lo próximo por intentar, en cómo haríamos algo de manera distinta
o dándole vueltas a las cosas para lograr entender algo que ni siquiera tiene explicación.
Consumimos lo que sea necesario para inspirarnos: alcohol, drogas, música, arte, letras, personas.
