Las princesas también escriben

Hoy quiero dejarte claro que siempre voy a estar aquí.
Que no hay nada que pueda asustarme lo suficiente si estoy contigo. Que juntos nos siento invencibles y que aunque no lo esperemos, estaremos preparados para todo. 
Que somos más que una historia romántica llena de cursilerías, flores y fotos bonitas.
Somos ese momento en el que sentimos que las cosas están por ponerse feas y que al abrazarnos, recuperamos la fuerza. 
Somos cómplices. Somos los mejores amigos. Somos esas risas que no nos dejan respirar.
Y es que yo no quiero una historia perfecta. Yo te quiero a ti. Conmigo. Como eres. Como soy. Con todo lo que eso implica.
Quiero ser siempre esa llamada para saber las buenas y malas noticias. Quiero ser tu hogar. Quiero seguir siendo ese abrazo que necesitas para quebrarte y así poder levantarte.
Quiero que sepas que siempre voy a estar aquí... y que si estoy agarrando fuerte tu mano, es para nunca soltarte❤️
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Uno crece pensando que un padre es un millón de cosas. Un héroe, un ejemplo a seguir, un salvador, un amigo, cómplice, refugio, un espacio seguro, alguien que lo sabe todo, alguien invencible.
Pero uno nunca se detiene a pensar que los padres son humanos. Y el día que yo lo descubrí, no lo podía creer. Fue un día muy fuerte para mí.
Resulta que mi padre llora, no tiene la solución a todo, comete errores, mi padre y yo creemos en cosas distintas, no lo sabe todo y mi padre a veces también necesita ser salvado.
Algunas veces he tenido que ser yo quien lo abraza para sentirse seguro, a veces mis palabras lo han reconfortado e incluso a veces, él encuentra su fuerza en mí.
Sin embargo, lo más difícil de entender es que los padres no son eternos, es pensar que un día tendré que vivir la vida sin mi héroe, amigo y cómplice, sin mi espacio seguro, sin la sabiduría que me puede trasmitir a través de una llamada telefónica. Y el simple hecho de pensarlo, me rompe.
Pero mientras te tenga aquí, quiero celebrar tu vida y quiero que sepas que te amo completamente, como el súper héroe y como el humano que eres. Porque gracias a ti descubrí que se puede ser fuerte y necesitar un abrazo, que las personas cambian, que incluso el ceño más fruncido puede aprender a amar animalitos de la calle, que aunque no me entiendes, me apoyas. Que aunque no creemos en las mismas cosas, siempre, sin importar la circunstancia, estás para mí
.
Porque el día que descubrí que mi papá no es invencible, fue el día que lo admiré más.

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Despertar contigo.

Que me digas buenos días y ruegues que me bañe primero. Quieres dormir más. Me pides que regrese del baño para darme un beso. Vuelves a dormir. Abrazas tu almohada y sueñas otra vez. Empezar el día juntos. Pasar de la pijama y el desarreglo a un look socialmente aceptable. 

Escuchar Juan Gabriel porque te gusta bañarte así. Verte sonreírme mientras buscas tu ropa. Cruzamos pocas palabras y estamos más con Morfeo que aquí, pero estamos. Me dices en voz alta lo bonita que me veo, o bombita, como dices tú. Subimos al carro y me tomas la mano. 

Y lo escribo porque el mundo no sabe lo bien que puede empezar un día cuando es a tu lado. 


ilustración: Carolina Buzio
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Es viernes por la noche. Faltan siete para las diez y me siento bien después de dos días de migraña.
Estoy pensando en comida, he visto un capítulo de un programa en Netflix que es una oda al arte que implica cocinar y no dejo de pensar en la belleza de lo común cuando se le voltea a ver. Hago la comparación con los humanos, que si le prestas poquita atención a alguien, descubres un mundo maravilloso, pero que todos los días dejamos pasar.

Hundida en mis pensamientos, de pronto un recuerdo llegó a mí. Supongo que viene de imaginar momentos comunes que en realidad son tesoros cuando ya no están. 

Es una tarde de verano, estoy en una isla de Turquía de la cual no recuerdo el nombre (como me pasa todo el tiempo), voy caminando del brazo de Diego, con quien he recorrido como seis países así.
Nos detenemos a ver una tina de plástico que tiene peces adentro, pero grandes, es uno de esos lugares en donde eliges el pez que te piensas comer. El sol hace el agua brillar, el verano se siente en todas partes. Vamos también acompañados por un colombiano que encontramos en el camino y que llegó para quedarse en nuestras vidas. Dejamos los peces nadando y nos sentamos en una mesa con vista al mar. Tomamos Coca-Cola Light y sonreímos de estar ahí.

Recuerdo tomar el ferri de vuelta a Estambul, hablando del futuro y del pasado con el pedazo de Colombia que es Andrés y con el acertijo que la vida ha vuelto a Diego... el sol de las cinco de la tarde nos hace brillar la piel y la silueta de las mezquitas nos roba el aliento. Nos sentimos vivos en ese momento así como nos sentimos vivos esa misma mañana mientras en bicicleta retábamos la vida por terrenos desconocidos en una isla de Turquía de la cual no recuerdo el nombre.

Y es que tres años después, un viernes por la noche, siendo las diez con seis, me siento tan viva y tan completa como ese día...



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Pasamos el tiempo esperando que un día llegue el amor de nuestra vida como en una escena perfecta de película romántica. Que haga una entrada triunfal, que llegue con un montón de rosas, que huela bien y que sea como siempre lo hemos soñado.
Pero en realidad, a veces llega diciendo: “a mí también me encanta comer el cereal en taza” ... y entonces te das cuenta que todo el tiempo estuviste esperando señales equivocadas. 
Porque cuando el amor llega, no se ve, se siente. 💖 
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Viendo todo este tema del 2009/2019 challenge, me puse a buscar fotos porque yo también quería participar… Como no soy una persona normal, pasé de ver mis fotos a ponerme a analizar todo, de verdad todo.

Me di cuenta que las fotos de mi pasado ya no me dan “pena”, me dan nostalgia y ternura, me gustan. Hoy me veo a mí misma como nunca me había visto. Veo a Ana de 17 años con mucho amor, con ganas de abrazarla y decirle que la amo, que no se deje romper. Pensé en un sinfín de cosas que me gustaría decirle, pero después me di cuenta de que había logrado hacerlo sola. Hoy tengo casi 27 y me siento mejor que nunca.

Pensé en Ana en el 2009 y me dio emoción imaginar todas las cosas que estaban por sucederle de las que no tenía ni idea.

Sin embargo, algunas cosas también cambiaron, me di cuenta, que Ana de 17 sonreía sin miedo a verse más cachetona, hoy salgo en todas mis fotos sonriendo a medias o incómoda por evitarlo. A esa edad no existía duda en mí de que estaba lista para comerme al mundo, sentía que podía, nunca me imaginé que existieran personas capaces de romper corazones, que los rechazos en las entrevistas de trabajo eran reales o que la quincena no alcanza para todo lo que uno quisiera. Pero por alguna razón, algo que no cambió es que a pesar de todo eso, una parte de mí en el fondo, sigue pensando que se puede.

Me gustó verme así, disfrutando del momento, sin pensar en el futuro. Porque no, Ana preocupona no llegó hasta los 23, pero antes, me gustaba vivir sin pensar en el mañana, decir sí a las aventuras aunque el mundo entero dijera que era peligroso, explorar en la oscuridad, nadar en las olas fuertes o beber del alcohol más barato que nos alcanzara a mis amigos y a mí aunque no fuera la decisión más inteligente.

Pero también me gusta la nueva versión. Esta mujer que ha recorrido un largo (aunque rápido) camino, que ha ido aprendiendo un día (y un escrito) a la vez lo que sabe de la vida.

En mis recuerdos de Facebook me salió que un día (hace ya varios años), escribí “¿Podemos pasar al momento en que tengo 26 años, un novio que me ama, un trabajo estable y un departamento hermoso?”… y bueno, después de creerlo imposible y anhelarlo como un futuro lejano, hoy siento que le cumplí a esa Ana soñadora que quería saltarse muchos años de aprendizaje para llegar a este momento.

Y aquí, sentada en la mesa de mi departamento hermoso, escribiendo este texto mientras veo la foto del novio que me ama de una manera que no conocía, disfrutando mi trabajo desde casa porque así se me permite, quisiera decirle a Ana de hace 10 años que todo lo que está a punto de vivir, la está preparando para lo mejor, que no quiera saltarse nada, que viva y disfrute todo.

Por último, como creo que el tiempo está a punto de volar como lo hizo los años anteriores, también estoy segura que a la Ana de 37 le gustaría decirle a la Ana del presente que le diga sí a los viajes, a las oportunidades, que llore lo que tenga que llorar, que no se preocupe por el dinero, que ría haciendo resaltar sus cachetes, que disfrute su cuerpo, a su familia y esta etapa de novios que está viviendo con su pareja. 

Ana, disfruta cada momento, no tienes idea de todo lo que viene, no quieras saltarte nada, recuérdalo.

 Y por favor, sonríe en las fotos sin preocuparte por nada, serán tus mejores recuerdos.

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Es hora de darme una oportunidad. ✨
Dejar atrás los prejuicios y la opinión de la gente. 
Enfocarme en mis sueños y trabajar en ellos. 
Olvidarme de quienes me hicieron daño. 
Pensar en tiempo presente, con el corazón puesto en el futuro.
Trabajar todos los días en mí. 💕
Borrar el no puedo de mi vocabulario y sacar lo mejor de mí sin importar dónde esté.
Porque así como he creído en los demás, creo que es hora de darme una oportunidad y dejarme sorprender.
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Estos días he pensado mucho en lo mágico de los comienzos. 
Y no necesariamente por el hecho de que estamos empezando un nuevo año, sino porque me he puesto a analizar lo que realmente significa y lo que esto provoca en mí. 

He pensado en mis proyectos personales, en las mariposas que se sienten cuando estás a punto de tomar la decisión y decir: va, le entro. En las cosquillas que provoca ver que tu trabajo está creando frutos. 

O ese momento en el que aceptas que sientes algo por una nueva persona y como todo de pronto hace sentido y a partir de ahí no hay vuelta atrás. 

Conocer un nuevo lugar, dejarse asombrar, sentir que el mundo te pertenece y que hay tanto por recorrer. 

Aceptar un trabajo a pesar del miedo y vivir esos nervios de los primeros días, ir conociendo y acostumbrándote. 

Comenzar un nuevo semestre y no poder dormir la noche anterior por la emoción, imaginar cómo podría ser todo y si será uno fácil o no. 

Una libreta en blanco con ese olor a nuevo y lo limpio de sus hojas, con las ansias de llenarla de historias con la mejor caligrafía posible. 

Tener un nuevo departamento completamente vacío y pensar en todos los futuros recuerdos que guardarán esas paredes. 


Así que hoy más que nunca, disfruta de estos días que son nuevos y toditos para ti. 

Tú decides qué hacer con ellos y cómo tomar la vida. Atrévete a todo y durante los 365 días di sí a nuevos comienzos, aunque sea solo por sentir. 

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Este año no busques ser alguien diferente. 
Al contrario, sé tú mismo, 100% real, con defectos y virtudes. 
Deja tanto filtro y maquillaje, olvídate de agradarle siempre a los demás. Eres lo que eres, no hay más. 
Enfócate en ser una mejor versión de ti.
No te obligues a cumplir propósitos irreales, ponte metas pequeñitas pero que sobretodo, te hagan verdaderamente feliz. 😉
Recuerda que no necesitas que sea 31 de diciembre para cambiar, hazlo cada que te venga en gana. Eres libre de ser y de cambiar cada que tú quieras.
No te enfoques en bajar unos kilos de más, mejor ¿qué tal amar tu cuerpo como es?... Y entonces, lo tratarás con el cariño que necesita. ♥️
Olvídate de "encontrar pareja", ya llegará, por lo pronto disfruta vivir tu soltería. Un mejor propósito sería no conformarte con cualquier persona que no te ofrece lo que mereces. 
Este año enfócate en tus proyectos personales, dedícales el tiempo necesario para verlos crecer.
Deja de compararte. 🙅🏻‍♀️
Aprende a decir no.
Disfruta tu vida, tu cuerpo, la energía que tienes en este momento. 



Replantéate todo y que tu único objetivo este año nuevo sea vivirlo plenamente. 
¡Feliz año nuevo!



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Mis últimas relaciones se resumen en una palabra que ya hasta me suena a cliché: tóxicas.
Estuve con el típico hombre que dice que eres el amor de su vida pero, que no quiere un compromiso en este momento (y así te tiene por cuatro años), con el bato chavoruco que se siente súper cool por lo que te mantiene “como amigos”, con el que tiene un compromiso con otra mujer pero lo niega  y con un adicto que me brindó la peor experiencia de todas. En conclusión, estaba harta de lo que yo conocía y recibía como amor.

Después de un tiempo de no querer saber de nada ni de nadie, llegó un día en el que decidí “volver a salir”, por lo que por fin acepté una cita con ese hombre que conocí en Tinder (ya sé, ya sé) hace dos años y al que siempre le había dado el avión.

…La peor cita de mi vida, de verdad, un desastre de principio a fin, lo cual me dejó desesperanzada ante la idea de retomar mi vida amorosa. Aunque he de admitir, que aparte de pasarla muy mal, era más cómodo para mí decirle que no a todo y seguir sola, antes que volver a caer en una relación como las anteriores.

Fue una tarde de domingo, cuando mi amiga Karla, mientras escuchaba la triste historia de mi cita, decidió que ella arreglaría una más. Fue todo como de película, ella se encargó de hablar con él y conmigo para armar todo. Ninguno habló antes con el otro y fue casi imposible stalkearnos en facebook por nuestras configuraciones. Moría de nervios.

Lo interesante empieza aquí: la cita fue perfecta, hablamos sin parar por cuatro horas, reímos mucho y me parecía guapísimo. Era justo como imaginaba a mi hombre perfecto. Me pidió mi número y seguimos hablando todos los días, salimos de nuevo y las cosas cada día iban mejor.

Sin embargo, mi historial me dejó un poquito traumada y tenía miedo. Puede sonar un poco extraño, pero no estaba acostumbrada a que me trataran bien, para mí el amor era algo así como “una montaña rusa de emociones en la que todas las noches lloras hasta dormir, despiertas y te vuelven a hacer feliz con cariño pero siempre condicionado y a medias”.

Y entonces llegó esta persona a cambiarlo todo. Aún recuerdo que los primeros días le decía a Karla que no entendía por qué me sentía tan tranquila, tan en paz. Si me sentía así, seguro significaba que no estaba con la persona correcta. Por primera vez me estaban tratando con toda la delicadeza y amor del mundo y yo me sentía paralizada. No sabía si lo correcto era avanzar o salir corriendo. El principio fue súper lindo pero al mismo tiempo muy difícil para mí.

Cuando me decía palabras bonitas, yo asumia que estaba mintiendo. Pasaban los días y yo estaba esperando el momento en que me dijera que siguiéramos como amigos o que simplemente desapareciera. Pero no lo hacía. Un día le dije lo que pensaba, admití a pesar de mi orgullo, que tenía miedo de que hiciera lo mismo que todos. Que yo no fuera suficiente. Y más que nunca, él siguió ahí, al pie del cañón. A pesar de verme confundida y saberme temerosa.

Así que al verlo tan seguro, un día decidí dejarme querer. Porque sí, para mí lo difícil no era quererlo, era permitir que alguien lo hiciera conmigo y lo hiciera bien. Me di permiso de ser vulnerable de nuevo y abrirme a una nueva relación.

Hoy puedo decir que es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Nunca antes había sentido algo como lo que siento hoy. Seis meses de relación después, sé que sentirme tranquila y en paz, es una excelente señal. Que el amor se trata de sonreír, de trabajar en conjunto y de no irse a dormir enojados. Hoy sé que llorar todas las noches, no es amor. Que la manipulación, no es amor. Que el abuso, no es amor. Que las condiciones y sentir que no eres suficiente, o preguntarte qué te falta para serlo, no es amor.

Por lo que el mejor consejo que puedo dar hoy, si es que alguien me lo pidiera, es que no se conformen con menos de lo que sueñan, porque sí existe, solamente no ha llegado la persona correcta.

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El amor que me hace sentir es mágico pero real.
Porque decidí amar a alguien que no es perfecto. Que ronca mucho por las noches, habla rápido y con quien no siempre estoy de acuerdo.

Nuestro amor no se parece al de las películas, nosotros pagamos cuentas, dividimos gastos y no lucimos siempre bien. Discutimos, hablamos y llegamos a acuerdos que nos dejen tranquilos a ambos.

A mi amor no le gusta que cante villancicos antes de diciembre y a mí no me gusta que quiera manejar después de seis cervezas.

Estamos juntos en malos y buenos momentos. Vivimos aventuras que no siempre son lo que esperábamos. Cantamos en carretera mientras nos tomamos de la mano, pero siempre desentonados y con interrupciones.

Creemos que la honestidad es la base de esta historia. Y prometimos que si un día dejamos de querernos, lo vamos a decir así sin más, porque aunque al principio duela, preferimos eso que herirnos en secreto.

Mi amor disfruta de mi compañía, pero no cambia su tiempo e intimidad. Entiende que con un abrazo mejora mi día pero me deja callar cuando no quiero hablar. Mi amor no me promete fantasías, me habla siempre de realidades pero desde un lado positivo.

Y soñamos juntos. Su voz me recuerda muy seguido que yo puedo y que me lo merezco. Y yo lo admiro. Me emocionan sus logros y los escalones que va subiendo. Lo presumo siempre.

Porque el amor que me hace sentir es mágico pero real.
Porque decidí amar a alguien que no es perfecto, que le desespera mi indecisión y que no le gusta el jitomate pero que me ama como nadie.


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ANA GARCÍA

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Soy Ana, tengo 30 años y la vida cada día se pone más buena. Me encanta escribir y estoy a punto de convertirme en mamá.

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