Las princesas también escriben


Para M.


Quiero siempre estar tan cerquita de ti que no exista espacio para dudas
Darte mi amor sin restricciones
Mostrarte el camino
Ser tu compañía y compañera
Quiero tomar tu mano y enfrentar el futuro juntos, los inconvenientes, las risas y los llantos
Vivir esos momentos inevitables que no queremos que pasen nunca
Escucharte quejarte del trabajo  y celebrar tus triunfos
Prepararte la cena y dejar que me cocines desayuno
Probar recetas juntos
Sentarnos en la barra de la cocina y verte sonreír
Jugar a tocar nuestras lenguas y luego reír a carcajadas
Entender de fútbol
Esperar tus llamadas cuando sales de fiesta y te acuerdas de mí a las dos de la mañana
Seguir escuchando a la gente decir que nos vemos muy enamorados
Abrazarte por las noches y ser la cuchara grande
Escucharte repetir los diálogos de tus películas favoritas
Y reírte con los chistes de buscando a nemo
Bailar el ramito de violetas mientras hay hot cakes en el sartén
Ser siempre quien se para contigo en los conciertos a gritar aunque no me sepa la canción
Quiero conocerte todos los días y reír al día siguiente de nuestros problemas
Ayudarte a decidir entre la camisa azul o blanca
Cenar pan con nutella y leche porque no tenemos dinero para salir y hablar de tu vida y la mía.
Seguir siendo tu cómplice, vivir mil aventuras más.
Sentir miedo juntos, cantar de madrugada en el carro, gritar el himno nacional.
Siempre recordar nuestra primera cita y nunca olvidar el día que dijiste te amo como si fuera un estornudo.
Quiero amarte siempre de maneras distintas, pero siempre más.




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- Tienes la constelación de Orión debajo de tu ojo derecho,  ¿sabías? -  dijo al mismo tiempo que observaba mi rostro de cerca. Tan cerca que podía sentir el calor de su respiración.

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Sí, he cambiado.
Dejé de ser aquella persona que conocías como ruta de regreso a casa.
El mundo está en movimiento y yo con él.
Solía temerle al cambio. Me preocupaba que me notaran diferente.
“Ya no eres la de antes”, decías y yo sufría.
Quería seguir siendo esa que conociste,
pero el tiempo pasa y las heridas sanan, los muros caen o crecen, el café se enfría y uno se vuelve sabio. No existe posibilidad alguna de permanecer el mismo.
“Siento que ya no te conozco”, me dijo.
“No lo intentes, uno pasa la vida intentando conocerse y al final nunca lo logra”, contesté.
“Y mañana no vuelvas buscando encontrar esta versión de mí...” 


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Por favor, olvídate de todo.

De mis llantos repentinos.
De mis ganas de escuchar que me quieres, que me extrañas.

Olvídate de la mirada que tengo sólo para ti.
De las canciones que escucho una y otra vez.

Olvídate de mis manos pequeñas junto a las tuyas.
De mi cabello despeinado al despertar.

Olvídate de las risas a las tres de la mañana y de las canciones a las siete.
De lo perfecto que encajaban nuestros cuerpos al abrazar. De las caricias.

Olvídate de las palabras en voz bajita, de los gritos y almohadazos.
 De las ganas de estar ahí.

Olvídate del mundo tan pequeño que sabemos crear en cuatro paredes.
De la brisa de las ocho de la mañana y de la luz que entra por la ventana.

Por favor, olvídalo todo.
Pero no me olvides a mí.



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Quiéreme como soy, sin medida, sin fecha de expiración.

De tiempo completo.

Con mis ideas ilógicas a media noche.

Quiéreme con mis ganas de comerme al mundo en la mañana y mis miedos cuando es hora de dormir.

Con mis quince blusas negras que uso a diario y mi manía por comer cereal de un vaso.

Quiéreme.

Quiéreme cuando mis enojos no tengan sentido. Cuando llamo para decirte que te extraño y nada más.

Aunque llore por culpa de Joaquín Sabina y mis ganas imposibles de besarte en cada farola.


Sin orden de ideas. Sin lógica. Sin ataduras.

Quiéreme hoy. Quiéreme desde ayer.

Con mis pies fríos y mi risa incontrolable.

Quiéreme.

A pesar de que escriba todo. Aunque cante la misma canción una y otra vez.

Con mi mala memoria y mis ganas de ti. Con mis juegos de palabras. Con mis cursilerías inoportunas.

Quiéreme cuando esté en silencio. Cuando me haya ido. Cuando esté presente.

Quiéreme o no me quieras...




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Antes solía creer que el amor existía de una forma y ya. ¿Sabes? Que siempre tenía que verse igual, algo así como en las películas. Que tenía un orden y todo. Incluso créia que si no era como yo lo esperaba, no existía... Y qué error estaba cometiendo.

Siempre creí que el amor venía exclusivamente en forma de pareja. En una relación de dos. En la exclusividad. En lo ilógicamente eterno. Que eran besos y cartas. Letras y noches de insomnio.

Y resulta que no. Me vengo enterando que el amor está a veces aunque no quieras. Muchas veces, incluso, ni siquiera lo sientes llegar, pero de golpe, así nada más, aparece. Y no, no necesitas tener una pareja para sentirlo, ni ser de nadie. 

Descubrí que el amor viene desde mi interior. Que me lo han estado en diferentes ocasiones sin siquiera darme cuenta. 

He vivido enfocada en recibir lo que he aprendido que es el amor, que me he estado perdiendo de todas estas maravillas. 

Porque el amor algunas veces viene en frases tan sencillas como un "cuídate, por favor", "te extrañé" o simplemente en no tener ganas de despedirse nunca. 

El otro día, entendí que el amor se entrega a veces mediante una llamada o un whatsapp. Que el amor es más que clichés y besos franceses. A veces no es más que una sesión de cosquillas o el abrazo de tu mejor amigo. Porque ahí hay amor, ¿eh? Y en cantidades industriales, diría yo. 

Porque el amor no es sólo sexo y pasión, no. Es cuidar, entregar, proteger, sonreír. ¡Y vaya que involucra mucho sonreír!

He vivido todos estos años esperando alguien que me repita todos los días lo mucho que me ama. Si supiera yo, que con los hechos sobran las palabras. 

Hoy entendí que aquella persona que nunca pudo quererme como siempre quise, me amó con cada centímetro de su ser (¡Y vaya que era alto!). En su corazón no había más espacio para tanto amor. Me lo demostraba con una taza de café, desvelándose a mi lado mientras yo terminaba mis notas para la revista o pagando la pizza que nos comeríamos los dos mientras veíamos mi película favorita. Pero no lo vi. Porque siempre quise más. Quería títulos y palabras, esperaba más acción, emoción, qué sé yo.

Y claro que aún sueño con amores de esos que te voltean de cabeza. Pero hoy descubrí que ya estoy rodeada de amor. Que día a día me están demostrando que no necesito más. Que me aman dentro de sus posibilidades y que eso está bien, pero que siempre tienen espacio para quererme más. 

No importa si se disfraza de amistad, de amor fraternal o de pareja. Es increíble que exista alguien que quiera entregar todo por verte sonreír. 

Así que ámale de regreso, con todas tus fuerzas, como sepas querer mejor.



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El día que me preguntaste qué me gustaba de ti, lo pensé. No estaba segura de tener las palabras correctas para poder hacerte entender qué es lo que más me gusta de ti. 

Me llegó a parecer absurdo que no te consideraras una persona fácil de amar. Lo cabrón nadie te lo quita, claro. Lo pretencioso y esa maldita insistencia en no sentir. Pero eres más, eres mucho más que esas ganas de ser siempre el mejor, el más fuerte... 


Voy a empezar diciéndote que me gustan tus ojos. Esos ojos tan raros y expresivos que me hacen sentir todo en un segundo. Esos ojos que clavan la mirada sobre la persona que tiene enfrente. Las personas ya no hacen eso, ¿sabes? ya nadie mira a los ojos cuando escucha a alguien, siempre están en otra cosa, tú no. Tú clavas la mirada. Y eso, eso me gusta.

Tu risa. Esa risa genuina que tienes cuando algo te parece divertido y que no puedes controlar. Es contagiosa, hace vibrar. Agrégala también.

Me gustan tus pensamientos a las tres de la mañana. Esos que van desde el vacío de tu estómago por no haber cenado antes, hasta lo importancia de vivir, o esos datos curiosos como que el roce sobre la piel, provoca que aumente la circulación de la sangre... 

Disfruto tu presencia. Me gusta que verte mejora automáticamente mi día. Lo complementa. Que si estoy triste, aunque tu seas parte de la razón, verte ya me hace sonreír.

En secreto, te voy a confesar que me gusta que muevas tu pierna en las mañanas, que aunque me vuelva loca, es una manera de recordar que estás ahí. Y que por más que odie madrugar, me gusta que las noches duren poco. 

Es alucinante escucharte hablar de tu pasado, de aquello que has vivido y te ha hecho más fuerte. De lo que sentiste en esos momentos, del miedo que te ocasionaba la incertidumbre y de lo guerrero que fuiste esos años. Eso, eso me gusta también.

Siempre mueves la boca al pensar, la vas cambiando dependiendo lo que sientes. Sólo no me encanta cuando estás enojado o decepcionado, pero aún así me gusta saber diferenciarla.

Me gusta la mirada que compartes conmigo cuando tenemos secretos que nadie más conoce y las risas que eso implica. Es como si tuviéramos nuestro lenguaje, en el que no hablamos de nada importante, pero nos convierte en grandes cómplices y eso ya es divertido. 

No llevamos ni 200 días de conocernos y se sienten como años. Me gusta haberme acostumbrado a ti, me gusta que estés acostumbrado a mí. A pesar de todo, me gusta que duelas como indispensable. 

Disfruto de ver cómo entregas todo tu amor a tus perros, como si no pudieras controlarlo y sólo lo das. Los llenas de besos, de abrazos. Tan humano, tan lleno de sentimientos. Tan tú. Ese lado tuyo que nadie reconoce, "posiblemente sólo yo", aunque estoy segura que tus perros conocen el mismo lado, ese que me gusta tanto de ti. Y es por eso que te aman tanto sin decirlo. 

Me gusta que seas tan distinto a mí. Que me hagas voltear los ojos cada 5 minutos, que me den ganas de darte una cachetada y detenerme porque no podría hacerte daño. Me gusta que aunque no entiendas mi locura ni mis ideas, estés ahí. Intentando. Volviéndote loco a ratos. 

Detenerte en la calle a señalar la planta que está luchando por existir o marcarme para asegurarme que vimos la luna en la carretera. Eso, eso me gusta.

Esos momentos en los que no entiendo nada y decides explicarme, o cuando me hablas seriamente sobre la importancia de que comience a ver el mundo con ojos más realistas... Ahí, ahí también me gustas.

Cuando tienes que llamarme, escribirme o gritar para que vea algo que está pasando y es gracioso, o interesante, o simplemente te recordó a mí. También por eso me gustas.

Me gusta cuando dices que querernos te deja sin energías. Que no sabes qué hacer con tanto amor. Si supieras que a tu manera nos estás regalando más, te sorprenderías.

A tu lado me siento segura. No importa dónde, no importa cuándo. Y me gusta. Me gusta bastante. 

No sé si logres entender la importancia de cada uno de estos puntos y lo bien que me hacen sentir. Que uno no está con nadie a la fuerza, que tu presencia facilita vivir, que eres importante, que aunque no te das cuenta, me llenas de amor todos los días... Y eso es lo que me hace querer quedarme cada día.







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El otro día encontré este texto en tumblr que me encantó, así que decidí traducirlo y compartirlo con ustedes:




1. Estaciónate, yo manejo un rato
2. Esto me recordó a ti
3. No, no, es un regalo de mi parte
4. Ven acá, déjame arreglarlo
5. Te encamino a casa
6. Ten un buen día en el trabajo
7. Soñé contigo anoche
8. Toma mi asiento
9. Siento mucho tu pérdida
10. Guardé un pedazo para ti
11. Puedes tomar la mitad
12. Ten mi suéter, hace frío afuera 
13. Perdón, se me hizo tarde
14. ¿Me concedes este baile?
15. Preparé tu favorito
16. Está bien, no podía dormir de cualquier manera
17. Cuidado, un escalón
18. Toma esto, te sentirás mejor
19. ¿Puedo tomar tu mano?
20. Pensé que te gustaría esto
21. Puedes tomar el mío
22. No pesa, soy más fuerte de lo que parezco
23. Voy a esperar
24. Sólo porque sí 
25. Cuidado al cruzar la calle
26. Perdón, no quise hacerlo
27. Prueba un poco
28. Maneja con cuidado 
29. ¿Qué quieres hacer tú?
30. Está bien, un capítulo más
31. No te preocupes por mí
32. Se te ve muy bien
33. Está bien, compré dos
34. Después de ti
35. Ya lo arreglaremos
36. ¿Te puedo besar?
37. Me gusta tu risa
38. Me gusta tu voz
39. No llores
40. Hice esto para ti
41. Regresa a dormir
42. ¿Está bien?
43. Elegí esto para ti
44. Te llevo al hospital
45. ¿Qué quieres ver?
46. Puedes ir tú primero
47. ¿Recibiste mi carta?
48. Yo lo hago por ti
49. Llámame cuando llegues a casa
50. Creo que eres hermos@
51. ¿Estás seguro?
52. Diviértete
53. Siéntate, yo voy 
54. Hice una reservación
55. No importa
56. Resalta tus ojos
57. Hay suficiente espacio para los dos
58. No tienes que decir nada
59. Wow
60. Feliz cumpleaños
61. Paso por ti después del trabajo
62. Esto puede esperar a mañana
63. Te lo prometo
64. Dos de azucar, ¿verdad?
65. Yo te ayudo a estudiar
66. Quédate a dormir
67. Lavé los trastes
68. No tenías que preguntar
69. Te compré un boleto
70. Eres abrazable
71. Porque sí
72. Te veo a la mitad del camino
73. Ten el mío
74. Podemos compartir
75. Justo estaba pensando en ti
76. Quiero que tengas esto
77. Llámame si necesitas algo
78. ¿Quieres que vaya también?
79. Aquí estaré cuando estés listo
80. ¿Traes puesto el cinturón?
81. Dulces sueños
82. Estaba por el vecindario
83. Quédate ahí, voy por ti
84. La llave está debajo del tapete
85. No me molesta
86. Tú eres importante también
87. Te guardé un asiento
88. Te veo al rato
89. Me di cuenta
90. Puedes decirme lo que quieras
91. Espero que te guste
92. Quiero que seas feliz
93. Creo en ti
94. Puedes hacerlo
95. Buena suerte
96. Te traje un suéter
97. Yo voy por ti al aeropuerto
98. Respira profundo
99. Ten cuidado
100. Te quiero



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ANA GARCÍA
Soy Ana, tengo 30 años y la vida cada día se pone más buena. Me encanta escribir y estoy a punto de convertirme en mamá.

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